lunes, 29 de abril de 2013

Derrotas de AMOR


Si tuviésemos una idea singular y única concepción de lo que creemos es amar todo sería más fácil. Pero no existe y por ende surgen miles de dicotomías, entre lo que suponemos es, lo que creemos que sentimos y lo que anhelamos vivir.
Hoy en día nos hacen creer que amar es algo sencillo. Que no presenta falencias. Que es perfecto si es correcto. Amor es una palabra que se usa tan habitualmente que perdió sentido, por ello todas sus acepciones, todas sus  diferentes formas de entenderlo, ya están tan naturalizadas que perdieron sentido hace tiempo.
Decir TE AMO es tan insulso como decir HOLA. Y no un hola interesado, sino ese hola que se dice por educación cuando alguien llega. Te AMO ya no significa lo que los trovadores le hacían sentir a sus señoras; ya no es el TE AMO de las novelas románticas y caballerescas. Te AMO es sinónimo de: te aprecio, compromiso, una frase linda…
Sin dudas todos tenemos una idea de lo que suponemos es el AMOR y tras ella orientamos nuestras vidas, nuestras esperanzas, nuestros deseos. En nuestro imaginario suena tan lindo que anhelamos con fuerza concretar nuestro ideal, pero la realidad aparece corriendo de manera opuesta a lo que pretendíamos y allí chocan, resultando  catastrófico para nuestra alma o corazón; la desilusión y la agonía no tardan en hacerse presentes y nuestras vidas parecen diluirse en lágrimas. Pero eso es sólo una sensación.
El AMOR entonces no es más que una utopía que cuando creemos alcanzar se nos escapa de las manos. No supera el plano de la fantasía y la imaginación. AMOR es una mezcla sentimientos, acciones y suposiciones. Todos creemos amar, pero ¿Cuántos realmente aman? ¿Cuántos realmente encuentran el AMOR? ¿Qué creemos que es amar? ¿AMAMOS o solo dependemos de una persona? ¿AMAMOS o solo tenemos miedo a la soledad? ¿AMAMOS o disfrutamos del momento? ¿AMAMOS o solo vivimos en una fantasía?
Reconozco que hay personas que pueden no estar de acuerdo con lo que pienso, que afirman haber encontrado el amor y personalmente no me interesa contradecirlas; quizás ellas estén bien o quizás no. No busco destruir sus fantasías, quizás si abrir sus ojos, hacerlos más atentos, menos ingenuos o quizás no. Puede que sea pura palabrería barata lo que digo pero también puede que no. Cada uno es libre de decidir, cada quien sabe lo que vivió, lo que sintió, lo que sufrió. De nuevo surge la idea de AMOR como una palabra con tantos significados y tan “obvia” que quizás nadie se preguntó si realmente “ESO” que vivía era AMOR.
Por mi parte, hubo un tiempo en el que creí ilusamente que realmente amaba y me amaban. En realidad no fue un tiempo, fueron varios momentos diferentes, incluso personas diferentes. Puede que sea una razón por la que digo todo esto; quizás sea por despechada, rencorosa, envidiosa; aunque yo no lo veo así. Esto es sobre mí, aunque aún no entiendan porqué y por ende quizás sólo yo me entienda.
La cuestión es sencilla, si realmente me pongo analizar las situaciones que padecí -por así decirlo- si intento objetivar mis experiencias, si busco no engañar a nadie y aspiro a expresar lo que verdaderamente sentí, podría decir que lo “MÍO” nunca fue amor- amor como creo entenderlo hoy - más que amor puede decirse que fueron intentos fallidos, pequeños errores que cometí más de una vez, engañosas relaciones “amorosas”, suposiciones de “amores”,” amantes” efímeros y necio; simples DERROTAS DE AMOR …



( Continua .. )                                                                                                     
Daniela Asfura

martes, 23 de abril de 2013

La noche es casi perfecta

La noche es casi perfecta, las estrellas iluminan cada espacio del cielo, ni un sitio sin ocupar. Allí en aquella casa donde nuestros cuerpos encontrados fueron uno por primera vez. Allí me encuentro hoy. Allí te espero, con mi corazón predispuesto a amarte sin límites, lejos de reproches. Y no llegas. Y aún te espero.

Una cálida brisa de verano apaga las velas y yo aún espero recostada en aquella fría cama donde juntos descubrimos las formas de la pasión. Una lágrima recorre mi mejilla en el instante en el que llegas. Te paras en frente. Estas aquí, tan seguro y  con tanta paz. Ya ni recordaba que era estar en paz. Quizás porque aquél día me robaron la paz. Quizás porque repentinamente perdí mi paz. Segura estoy, hace tiempo que no encontraba paz.

Estabas conmigo a pesar de que quisieron arrancarte de mis brazos; estabas conmigo aunque ya te habías ido; estabas conmigo porque lo prometiste y sabía que no me fallarías. Te veo ahí. Estás distinto, quizás un poco más despreocupado, quizás más comprensible, quizás más piadoso.
Tengo ganas de hablarte. Mejor no. Me retengo. Con solo una mirada sincera y profunda averiguas aquello que pretendí silenciar con el tiempo pero que no pude. Tantas dudas en mi cabeza  ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué me abandonaste? Lo sé, tú no tienes la culpa y ya pasó tanto tiempo sin verte; me acerco a ti, sólo quiero abrazarte pero tampoco puedo.

Ésta es nuestra despedida, la que no pudimos tener, la que el destino nos hurtó, la de agonía más profunda, la de sentimientos encontrados. Rozas por última vez mi piel, siento que te marchas. Te detienes, volteas y me regalas una mágica y última mirada. Ahora comprendo: siempre estarás. Un golpe fuerte. Se hiela mi corazón ¿Te perdí o realmente te encontré? La lluvia desgarra el cielo, el viento enfurecido penetra por la ventana. Despierto de sobresalto. Te fuiste.

La noche es casi perfecta, pero ya no volverás a mí. Ya no.


Daniela  Asfura

lunes, 22 de abril de 2013

En sus ojos

Temprano salí y vi sus ojos: negros, grandes, brillantes y sinceros. Me acerqué, pero desaparecieron. Aclaré mi vista con un giro alrededor de mí, pero todo estaba en su lugar. Las hojas de los árboles habían caído en la noche, secas, ancianas y débiles se arrastraban con el viento y se dejaban llevar. Su taza de café se posó en la mesa cuando lo escuché otra vez, fuerte, grave, fuera y dentro de mí. Esta oportunidad fueron tres, tres gritos claros no muy lejos de aquí como cada mañana. A mi derecha, el postigo del ventanal se cerró, a mi izquierda la brisa tocó mi oído y me congeló.
Desplacé mi mente al terror queriendo vivirlo otra vez. Las tostadas saltaron listas en la cocina y corrió. Me observaba, lo sabía, desde algún lugar él me observaba. El viento se calmó y todo quedó paralizado, al mismo tiempo que yo, con mis ojos puestos en los suyos a través de la ventana. Ese era mi destino, pero no lograba tener por completa su atención. Después de varios días, hoy debía pasar. Pegué mi rostro en el vidrio, justo cuando una gota de lluvia me tocó de atrás, mientras su vista no se apartaba de mí. Abrió la puerta y yo, en tan sólo un suspiro, me entregué. Mis ojos habían comenzado a sangrar, y ya no veía con claridad. Me tomó en sus manos. Entró y se sentó. Sus ojos me traspasaron y me recorrieron por completo, de principio a fin.
Sucedió.


Florencia Andrighetti

sábado, 20 de abril de 2013

Celosa

Apreciaron mis ojos algo que, se suponía, no iba a inquietarme. Apenas lo vi, apoyé mi espalda en la pared y sin darme cuenta medité sólo algunos segundos sobre esa situación. No podía ser, él no había despertado sentimientos en mí, era ilógico que en ese momento, con todo lo que tenía que hacer, estuviera pensando en eso.
Lo veía sólo dos veces a la semana, muy poco tiempo para conocerlo.
Los segundos se hicieron minutos, las tareas se redujeron. ¿De qué se enamora una persona? ¿Enamora? ¡Por favor!, ¡de qué estoy hablando! ¿Qué buscan primero mis ojos cuando sé que está?... Nada, ¡nada! no buscan nada. Observo de nuevo la situación. Efectivamente, está con ella. Y probablemente ella es la que se lleva las mejores palabras de su boca. ¡¿Y qué me importa?! Tengo tantas cosas lindas en la vida... Y sin embargo siento que me gustaría estar en su lugar, y escuchar hasta la palabra más tonta que diga, porque me la estaría diciendo a mí. ¡No! si no tengo ganas de escuchar esas frases rebuscadas, cursis, empalagosas… dulces… tiernas. ¡A quién no le gustaría escuchar lo que tiene que decir! Si con cada "Hola" me desarma. No, lo peor es que no exagero, traté de mentirme y ser indiferente pero por masoquismo voy volver a mirar. Si todavía están ahí, ¿y para qué voy a esconderlo? Le sumo una nueva tortura a mi vida. ESTOY CELOSA. 


Jimena Ocampo