Octavio permanece en mi vida hace ya cinco años. Si, cinco. Pero sólo por
períodos efímeros y confusos, nada que ver con esos noviazgos eternos o con
esas amistades de toda la vida.
Lo conocí un verano en el club y el simple hecho de que se haya percatado
de mi existencia fue todo un acontecimiento. Y si, para una adolescente que
supuso haber encontrado el “amor”, pensar
si era correspondido le resultó de poca importancia además de ilógico: él
estaba igualmente enamorado. Si duró dos semanas quizás sea exagerar, pero esas
dos semanas fueron el origen, la semilla de esto que ya supera los 60
meses. A partir de ese momento, lo “nuestro”
puede definirse como cíclico: un constante círculo compuesto por hechos
similares y los mismos “finales”.
Las escusas son su fuerte, siempre inventa una nueva, de eso no cabe duda.
Como una dependencia indispensable de su vida para con ellas; bueno en realidad
de mi vida.
Por cada mínimo instante en el que “salimos”, un impedimento surge y ya no
se puede continuar; a veces por él, a veces por mí, a veces por los dos. Y por
cada uno de los obstáculos que él plantea, me juro y perjuro que es la última
vez… ¡Pero que ilusa! Sé que no es la última vez, quizás nunca exista esa “última
vez”. Tan solo busco reconfortarme en esa estúpida y vaga mentira que finjo
creer, pero es sólo hasta que todo vuelva a suceder.
¿Daño? Si, me lo causo o eso creo. Tal vez nunca haya sufrido por su culpa
realmente o tal vez, el haberme acostumbrado a sus intereses momentarios, ya me
inmunicé del sufrimiento. Igual, al principio no fue así, derramé muchas
lágrimas por él, pero se ve que con el tiempo maduré(?
Sin dudas, nuestra atracción aumenta por la existencia de ese alguien. Ese
alguien que no estaría muy contento de lo nuestro. De ese alguien que nos
quiere a los dos pero de seguro nos quiere lejos. Del temor de que ese alguien
se enfade con nosotros, porque ese alguien es MUY importante para ambos …
Cinco años y por lo que aparenta muchos más. Debo aceptar que soy tan
culpable como él. Yo le sigo el juego, yo le respondo los mensajes, yo me dejo
engañar, yo le creo sus promesas insulsas. ¿Por qué? PORQUE ME ENCANTA… ¿Qué me
encanta? Quizás todo de él o quizás nada. Tal vez me encante la idea de creer
que en algún momento va a ser distinto; tal vez el hecho de saber que, aunque
me pese, es el que me conoce tan bien y siempre estuvo; o tal vez sea el
ilógico goce del sufrimiento y decepción (y no te sorprendas todos somos un poco
masoquistas). Lo conozco y aún así lo sigo buscando, porque es obvio, yo
también lo busco, a pesar de todo a pesar de nada. Sé que puedo estar meses sin
verlo y sin sentir nada por él, pero en el momento en que lo cruzo caigo
rendida nuevamente.
El de siempre, el de nunca. El que me promete hasta el cielo y sólo busca
llevarme a su infierno. El que aparece y desaparece. El que maldigo y adoro. El
que me ignora y lo olvido, me habla y me derrito. El que finge jugársela por mí
y al que finjo creerle. El que me hizo llorar y me hizo fantasear. El que me
mira, me acaricia, me besa, me quiere y se va…
Nos buscamos, nos ignoramos. Nos queremos, nos repudiamos. Hacemos un paso hacia
delante y tres de regreso y al costado. Nos dejamos llevar por impiadosas
emociones, por la euforia del momento, por la ira, por los celos… Sabemos que
no somos nada y aún así ver feliz al otro con alguien más no pasa desapercibida,
nos genera una sensación rara y amarga.
Nadie puede asegurar hasta cuando seguiremos con esto, si será el hombre de
mi vida o tan sólo mi amante apasionado. Ni él, ni yo. Cada uno hace la suya
pero siempre en el pensamiento el otro perdura. Por mi parte opino que en un
futuro no muy lejano algo suceda que garantice que será mío y sólo mío o que
alguien me lo quite sin piedad.
Hoy por hoy me conformo con cada efímero momento de “AMOR” y con el ciclismo que nos une y nos
reencuentra. Hoy por hoy, la historia continua …
Daniela Asfura



